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Intrafraternal


Escucho tu vos que renace en tu suscrita melodía.
Soberbia la innata caridad que sostiene lo absurdo.
Pienso, medito y permito.
Las sobras de tu piel gastadas en mi desierto húmedo,
se acomodan en la paralela realidad de nuestro sueños irreales.
Pero aún, te siento, y te pienso y medito.
Se impone lo que permito,
me abrazas, te recuestas, y te asomas.
la sombra de tu olor, se desnuda ante la de tu herida carnal.
Eficaz, hablaré en pos de tu cordura, que duda como el petrificado.
Se alimentan tus uñas de sal.
Me amenazan tus penas virtuosas de lo que la sangre toca en lo desafinado.

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